El corazón y el alma de las empresas

Por Blanca Lopez
El corazón y el alma de las empresas

3 de marzo de 2020 

En el post anterior, Érase una vez, aludiamos al corazón de las empresas y al hecho de que hemos olvidado su existencia porque no hemos sabido mirar. Hoy te invitamos a mirarlas de una manera nueva: deja por un momento de lado todo lo que sabes sobre ellas (... puedes volver a recogerlo al terminar este post).   

Cierra los ojos y visualiza una empresa como si fuera un gran organismo vivo compuesto por un complejo sistema de relaciones (puede ser la tuya u otra que te venga a la mente). Su corazón late. Sus pulmones inspiran, incorpora recursos a su interior, los almacena, los gestiona, los transforma en distintos departamentos y espira, ofreciendo productos, servicios y mensajes al exterior. Siente su energía.

Al igual que tú, ella también tiene su historia y ha heredado de los distintos equipos directivos una serie de rasgos, determinadas características y unos patrones de comportamiento (una cultura de gestión y de actuación). Es lo que la hace ser quien es hoy.

Desde esta perspectiva el funcionamiento de una empresa se asimila al del cuerpo humano. Nace, crece, se desarrolla y muere, de manera literal porque se cierra definitivamente, o metafóricamente para «renacer»: nuevos productos o servicios, nuevos mercados, nuevas tecnologías, nuevos principios y valores… sigue un proceso continuo de transformación dentro de la espiral evolutiva, y manifiesta un nivel de conciencia diferente con el paso de los años.

Ahora visualiza de nuevo tu empresa. Vamos a seguir profundizando en su interior. Imagina que pudiéramos convertir su corazón en el centro de operaciones y desde ahí, paso a paso y con la paciencia y la habilidad de un restaurador,  sanar sus viejas heridas, entender las causas de sus problemas más crónicos, liberar sus miedos, tensiones y preocupaciones, gestionar sus emociones, poner en orden aquello que no termina de fluir. ¿Para qué? Para que mejore su salud (obtenga mejores resultados utilizando mejor sus recursos), aumente el conocimiento sobre sí misma, sea más feliz y pueda mirar al futuro con nuevos ojos, convirtiéndose en inspiración para la sociedad gracias a su luz y a su belleza.

¿Qué ocurre cuando te encuentras con una persona a la que no ves hace tiempo y la notas diferente, feliz, luminosa, serena… más guapa? Al preguntar qué le ha pasado te dice cosas como:  ha habido muchos cambios en mi vida, me estoy encontrando a mi mismo, he cambiado de trabajo y ahora me dedico a lo que siempre he querido, es increíble ya no tengo que esforzarme tanto, las cosas parece que «vienen» a mi, todo es más fácil, me siento libre… hasta he cambiado mi forma de comer, he mejorado la relación con mi familia, tengo nuevos amigos, tengo más tiempo para mí… por primera vez en mi vida me siento vivo y quiero vivir…

Lo que ha ocurrido probablemente a esa persona es que está experimentando una profunda transformación. Está cambiando su interior y eso se refleja en su exterior. Cada vez conozco más personas (me incluyo) que estamos viviendo esa transformación personal y le hemos dado un importante giro a nuestras vidas. Es el «despertar» que nos lleva a tener más conciencia de quiénes somos y a desprendernos de todo aquello que nos impide vivir desde nuestra naturaleza más elevada, desde nuestra alma, mostrando a la sociedad nuestros verdaderos dones.

A las empresas les ocurre también. Ellas pueden despertar y dar un giro a su «vida» liberando todo aquello que les impide mostrar su naturaleza más elevada, su alma. Es lo que nosotros llamamos el crecimiento vertical, el proceso de introspección y de transformación interior que mueve a las organizaciones al siguiente nivel de toma de decisiones, en el que la atención se pone en el «interior» de ese organismo y la intención en dirigirse desde el corazón hacia su propósito más elevado.

Esta manera de mirar a las organizaciones abre una nueva dirección para su futuro: la restauración de su luz interior. «Cambia tú y el mundo cambiará», sugería Gandhi. Un camino lleno de aventuras y de emociones que nos lleva a encontrar respuestas y oportunidades en los lugares a priori más insospechados, y en el que además de la experiencia y del conocimiento empresarial se necesita trabajar con nuevas herramientas y con  nuevos compañeros de viaje.

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