Gestionar casas históricas privadas: entendiendo los conflictos de familia

Por LBM Insights
Gestionar casas históricas de patrimonios privados: entendiendo los conflictos de familia

EVITA QUE TUS EMOCIONES ARRUINEN EL VALOR DE UN COTIZADO PATRIMONIO FAMILIAR

Define la RAE la emoción como la «alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática», sin duda,  una fenómeno inherente al ser humano y desde luego a todas las familias.  Por eso cuando hablamos de inmuebles históricos integrados en patrimonios familiares, las emociones están siempre presentes y directamente relacionadas con el valor (o la expectativa de valor) de los activos.

Como manifiestan muchos filósofos (y no filósofos), las emociones son irracionales; impulsos ciegos que participan poco de la razón. Y a pesar de que Blaise Pascal afirmó que  «el corazón tiene razones que la razón no entiende», en el momento de tomar decisiones de familia para gestionar bienes o propiedades de alto valor histórico, arquitectónico o incluso declarados de interés cultural, digamos con franqueza que las emociones no son las mejores consejeras.

De hecho, la realidad es que no hay ningún tema comparable que suscite más emociones y conflictos que los asuntos «familiares» que involucran algún tipo de herencia sobre la que se generan silenciosas expectativas de valor y pertenencia futura, con más intensidad si además tienen por objeto edificios históricos o singulares. Un jugoso legado que en ocasiones atesora algún castillo, palacio, masía, colección de arte, etc.. edificios o bienes a los que por regla general se les ha dedicado poca atención, ya no hablemos de recursos económicos.

Por nuestra experiencia, cuando hablamos con nuestros clientes hemos comprobado que la cordialidad inicial con la que en conjunto abordan la cuestión de la gestión futura de un patrimonio singular es en realidad la tapa de una caja de Pandora que se abre al hacer las preguntas adecuadas y sobre todo, al hacerlas por separado. Como en la conocida historia de la mitología griega, es en ese momento cuado la caja queda al descubierto y «escapan de su interior todos los males del mundo», en este caso, los de la familia.

Pandora-John Williams Waterhouse. 1896

 

Es ahí donde se activan realmente los conflictos, en los que por supuesto dominan las emociones. En general los problemas surgen por motivos que son comunes, en mayor o menor medida, en todas las familias:

  • Momento personal: la etapa de la vida, o la generación en que se encuentran los distintos miembros de la familia, lo que implica decisiones en ocasiones contrapuestas e incluso incompatibles.
  • Dinero: aunque en los repartos también hay conflictos, los mayores problemas surgen al repartir los «costes» de mantenimiento de las propiedades. 
  • Uso y disfrute: siempre hay rencores cuando se trata de hablar del tiempo que cada miembro de la familia, con sus allegados, amigos y demás compromisos, pasa en la casa. 
  • Complejidad legal: factores externos que afectan a las decisiones como la estructura y forma jurídica de la titularidad del bien, fiscalidad, limitaciones por herencias o posibles requisitos legales cuando se trata de bienes declarados patrimonio cultural. 
  • Rencores del pasado: sentimientos y opiniones no confesadas que salen a la luz cuando se habla de dinero.
  • Responsabilidad: los conflictos nacen también de la figura que asuma ( o a se autoasigne) la responsabilidad legal y real para tomar decisiones vinculantes sobre el futuro del patrimonio familiar. 

La clave, como todo en la vida, es no juzgar a ningún miembro de la familia e intentar comprender sus motivos, siempre legítimos para cada uno de ellos. Para ello hay que saber escuchar y leer entre lineas. Todo un acto de confesión. Porque el objetivo es siempre el bien patrimonial ya que si no se realiza una gestión adecuada de las emociones y sensibilidades, el gran perjudicado (además de las propias relaciones familiares) es el valor de los activos a medio y largo plazo. Por eso es clave la figura de un experto externo, una «Pandora» que cierre la caja, es decir,  que logre ganarse la confianza para diagnósticar correctamente los problemas y ayude a canalizar toda esta información íntima familiar para favorecer un dialogo racional que permita tomar las decisiones más adecuadas por el beneficio común.

La esperanza es lo único que se pierde. No porque lo digamos nosotros (que también) sino porque lo paradójico y menos conocido es que la expresión nace de esta famosa histórica mitológica, porque en el fondo de la tinaja solo queda Elpis, el espíritu de la esperanza, la base para superar todos los males, aunque sean familiares. 

Foto de portada: El Combate del Centauro. Gustav Crauk

¿Quieres enriquecer tu bandeja de entrada? SUSCRÍBETE a nuestras publicaciones

 

Compartir

Tu legado es tu historia

Podemos ayudarte a enriquecer tu valioso patrimonio y a que generes un impacto positivo y duradero en la sociedad