La Fontana di Trevi...¿la modelo peor pagada?

Por Blanca Lopez
La Fontana di Trevi...¿la modelo peor pagada?
VIRTUTEM FORMA DECORAT.

Si quieres contribuir al uso responsable de uno de los legados históricos más bellos del mundo, el patrimonio cultural italiano, comprueba primero si tienes estas tres cualidades esenciales.

Dic. 2017.  El patrimonio cultural italiano lleva tiempo navegando a la deriva. Atrás quedó la controvertida Ley «salvadora del déficit» del 2002 que abrió las puertas de un proceso de privatización sin límites de bienes históricos. Hoy son bienvenidas las iniciativas del nuevo ministro de Cultura y Turismo, Dario Franceschini, consciente de los retos a los que se enfrenta.  

Desde el 2014 la restructuración del MIBACT (Ministerio de Bienes y de la actividad cultural y del turismo) tiene como principal objetivo resolver una de las grandes cuestiones que preocupa a la mayor parte de los gobiernos del mundo: la falta de financiación para la conservación de legados de incalculable valor en plena transformación de la sociedad. Por eso entre las medidas adoptadas destacan el incremento de un 37% de su presupuesto (superando los 2.000 millones de euros) y el lanzamiento del ART BONUS, una exención fiscal que ha logrado multiplicar por 5 el número de mecenas y obtener 170 millones de euros en donaciones.  

Este plan es un buen comienzo, pero en mi opinión carece de una reflexión previa más profunda que afecta a las principales partes involucradas: los políticos, las empresas y los técnicos especialistas de los bienes culturales.

¿Qué necesita de verdad un patrimonio que, capitaneado por Roma, supone cerca de 3.000 museos, más de 2.000 sitios arqueológicos, 20.000 centros históricos, 45.000 parques y jardines, 30.000 villas  y palacios, iglesias, monasterios y castillos?, y ¿qué cualidades debe tener todo aquel que quiera contribuir de manera responsable a su custodia, gestión y transformación?

De momento sabemos lo que más le perjudica: los abusos, el ego, el olvido, el victimismo y el interés económico. Políticos, gestores culturales y empresas alegan buenos propósitos pero bloquean su futuro con lo que parece un combate a tres que resulta tedioso, ineficiente y de consecuencias posiblemente irreversibles. Transcurre, además, ante la mirada complaciente y distante de la guapa chica del ring: la Unesco.

Los políticos por lo general se ven desbordados a la hora de asumir la responsabilidad de un patrimonio por el que serán juzgados y que en realidad no les pertenece. Centrados en otras prioridades, su enfoque en este asunto suele a ser cortoplacista.

Los gestores especialistas del patrimonio cultural tienden a rechazar el capitalismo desmesurado del sector empresarial. Profetas necesarios de un apocalipsis cultural, deben recordar que las alianzas entre arte, cultura y dinero son tan antiguas como la propia civilización.

Leonardo da VinciFoto: Reverso del Retrato de Ginebra de Benci, atribuido a Leonardo Da Vinci. «La belleza adorna la virtud».

Hoy son los nuevos gobernantes del mundo, las empresas, los que quieren pasar a la historia. Y las pertenecientes a la industria del lujo están abriendo sus carteras para contribuir a la restauración del legado italiano. Ya sea por las nuevas exenciones fiscales o por el hecho de que son sus propios clientes los que  empiezan a reclamar marcas honestas y comprometidas, por fin se ha logrado captar su interés. Aunque por el momento sus aportaciones (que en casos como los de Tods, Bulgari o Fendi estarían representando entre el 0,10% y el 0,25% de sus ingresos anuales) revelan estrategias de marketing a precio de ganga si lo comparamos con el impacto positivo que generan en su reputación.

Un ejemplo de ello es la campaña de comunicación de repercusión mundial que Fendi organizó en la Fontana di Trevi tras contribuir con 2,1 millones de euros a su restauración. Un majestuoso escenario para celebrar el 90 aniversario de la casa de moda romana con un desfile al que asistieron famosas modelos, celebrities y vips llegados en jets fletados por la  propia compañía. Cabe preguntarse si la peor pagada no fue la propia Fontana…

Políticos, gestores y empresas olvidan lo que de verdad importa ¿cómo diseñamos nuevas soluciones para gestionar el valioso legado italiano del que todos nos estamos beneficiando?

La propia Fontana di Trevi, símbolo universal de un equilibrio hermoso, consistente y duradero que favorece la vida en comunidad, nos da una clave importante.  El problema del patrimonio cultural italiano no es el dinero. Si queremos ser un buen ejemplo para la sociedad y para los futuros herederos de estos tesoros, es necesario construir alianzas basadas en la armonía, el equilibrio y el bien común.

Los políticos pueden ser más valientes: tienen la capacidad de hacer que el patrimonio cultural gane relevancia en el debate público. Los responsables culturales pueden ser más flexibles: tienen el conocimiento para mejorar su conservación definiendo líneas rojas pero entendiendo que el patrimonio está vivo y sufre transformaciones a medida que el hombre evoluciona. Y las empresas pueden ser más generosas: tienen recursos y la oportunidad de convertirse en un nuevo canal que transmita a la sociedad y a sus mercados algo más profundo que un mero beneficio comercial.

Valentía, flexibilidad, generosidad, cualidades en desuso pero necesarias para aquel que quiera considerarse digno de custodiar este precioso legado. Roma no se construyó en un día pero de momento empecemos dando pequeños pasos demostrando integridad, sensibilidad y voluntad de servicio.

Foto de portada vía www.fendi.com

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