Novus ordo seclorum* y el fin de la hegemonía bancaria

Por Blanca Lopez
Bitcoins, bancos y el nacimiento de una nueva cultura financiera

Agosto 2018.- El mundo avanza hacia una nueva cultura financiera en la que está por ver el papel definitivo que tendrán las entidades bancarias tal como las hemos conocido hasta ahora. La última crisis financiera global se llevó por delante el principio básico sobre el que debe funcionar un sistema bancario equilibrado: la confianza. Cual tsunami arrasó con sus barros lo que tenía por delante usando el lema too big to fail como bote salvavidas. De aquellos barros vienen estos lodos, y ahora que la tormenta parece haberse calmado vemos bancos envejecidos, agotados, desprestigiados. Más allá de la digitalización y de las fintech, varias son las señales que indican que su hegemonía ha llegado a su fin. 

Por un lado el progreso de las nuevas tecnologías y la hiperconectividad traen consigo el debate de la obsolescencia del dinero físico. En países como Canadá, Holanda, Bélgica, Reino Unido, Suecia, Singapur, Francia o Estados Unidos más del 50% de las transacciones se hacen ya sin efectivo. Muchos defienden una gestión operativa más flexible, barata y accesible que se desarrolla en nuevas plataformas financieras.

El tiempo dirá si es utopía o realidad que el mundo se convierta en una cashless society.  

No es fácil erradicar una tradición (la del dinero material) que lleva activa más de 2.500 años. Singapur, por ejemplo, ha fracasado en un primer intento y su gobierno ha dado marcha atrás entendiendo que las personas utilizamos distintos tipos de medios de pago para diferentes tipos de transacciones. 

Suiza por su parte plantea un debate más profundo. El pasado 8 de junio votó en un histórico referéndum la iniciativa Vollgeld, cuyo objetivo es eliminar la capacidad de los bancos privados de generar dinero a través de los préstamos, el llamado dinero bancario. Esta iniciativa (que podría transformar de pleno el sistema capitalista) fue rechazada mayoritariamente por un 75% de la sociedad helvética pero, aviso para navegantes, ya que pone en tela de juicio la responsabilidad y la actuación de la banca hasta la fecha. 

Ahora bien, si algo ha abierto las puertas de la nueva era financiera es la aparición del bitcoin con su tecnología blockchain. Aunque la operativa sea compleja, el fundamento es sencillo. Por simplificarlo de alguna manera podemos decir que se trata de una comunidad financiera alternativa a la que acceden de manera anónima sus integrantes para realizar transacciones de cobros y pagos entre si, quedando registradas en una especie de gran libro de contabilidad compartido. Todo ello soportado por un sistema descentralizado que opera ajeno a los organismos reguladores y en el que la estructura del conjunto es más importante que cada individuo. 

Lo innovador, más que su revolucionaria tecnología (que lo es), es que su emisor anónimo (o emisores), conocido con el pseudónimo Satoshi Nakamoto, pone la moneda digital al servicio de un nuevo código deontológico, el Manifiesto Bitcoin, promoviendo una economía abierta e independiente que no dependa de la política.

Por primera vez en siglos un medio de pago no refleja el poder de un país o colectivo de países, un estado recién independizado o una autoridad totalitaria.  Dicho de otro modo, en el siglo XXI un nuevo poder, el tecnológico, reclama su trono.

En todos los tiempos acuñar moneda ha sido un acto de legitimación de una soberanía y de un poder. Más allá de la necesidad económica, el dinero y la moneda han sido vehículo de transmisión de la identidad y de los valores del poder que de esa manera entra en vigor. Así ha ido pasando de manos de robustos guerreros a gobernantes reales, a religiosos, a políticos y en los últimos tiempos a las grandes corporaciones y a uno de los principales emisores de dinero, la banca, haciendo que la cultura de la deuda sea nuestro pan de cada día

Esto es solo el principio. Por eso es obvio que dadas las implicaciones que estas nuevas comunidades financieras tienen para el mantenimiento de un poder anterior, muchas voces se alzan en su contra augurando un apocalipsis algorítmico y fomentando el miedo al crecimiento de negocios ilegales como las llamadas rutas de la seda digitales o la pérdida de control por parte de las personas.  Sin embargo, ese lado oscuro no lo arregla la tecnología sino la incorporación de un nuevo humanismo financiero que nos recuerde que mientras nos preocupamos por las criptomonedas, en gran parte del planeta mujeres, hombres, niños y niñas siguen siendo moneda de cambio. 

* Novus ordo seclorum: un nuevo orden de los siglos, uno de los dos lemas que aparece desde 1935 en el reverso de los billetes de un dólar y en el sello de Estados Unidos.

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