Unesco y el futuro del sello "Patrimonio de la Humanidad"

Por Blanca Lopez
Unesco y el futuro de la marca Patrimonio de la Humanidad

5 razones por las que creemos ha llegado el momento para la Unesco de replantear su misión si quiere seguir siendo embajador de confianza y útil del patrimonio cultural y natural en el mundo. 

Julio 2017.- Desde que en 1972 la Unesco firmara la Convención referente a la protección del Patrimonio Cultural y Natural, el mundo ha cambiado y mucho. La velocidad a la que las estructuras políticas, económicas y sociales hasta ahora consideradas estables se van resquebrajando toma un ritmo cada día más vertiginoso en gran medida por la disrupción digital y los cambios demográficos y culturales. Un ritmo al que por regla general los grandes organismos públicos internacionales no están acostumbrados y para quienes supone un gran reto ya que como dice Musashi Miyamoto en su Libro de los 5 Anillos «es imposible invertir la dirección de un gran grupo de personas a la vez». Aun más dificil si como en el caso de la Unesco, 21 respresentantes que integran el Comité del Patrimonio de la Humanidad son la voz de los 193 Estados Miembros que hasta mayo de 2017 han ratificado dicha Convención (según la información publicada en la Sesión nº41 del Comité que acaba de celebrarse en Cracovia), cada uno de ellos con unos intereses y situaciones muy diversas, en ocasiones incluso contrapuestos. 

Sin embargo es necesario que ese gran «mastodonte» empiece a ser consciente de su nuevo contexto de futuro y comience ya a dar pequeños giros si quiere evolucionar su estructura y encaminarse hacia un rumbo que le permita trascender su labor de conservación y protección de un legado que según ellos mismos afirman (y personalmente comparto), refleja la riqueza y la diversidad del patrimonio cultural y natural del planeta

Las útlimas decisiones en torno a la lista del Patrimonio tangible e intangible, la distintas reacciones por parte de la comunidad internacional, el gran boom del turismo cultural y la creciente reivindicación de las identidades individuales y colectivas de comunidades, sectores y demás grupos de interés nos dan 5 razones para cuestionar seriamente cuál va a ser el futuro de una casi ya octogenaria organización, que por incoherente que parezca, hoy se hace más necesaria que nunca.

1. Una peligrosa jeraquización del Patrimonio

La misión de la Unesco se centra principalmente en las propiedades a las que reconocen un valor universal y por tanto se incorporan a la lista como Patrimonio de la Humanidad. Un valor común de la sociedad que no se reconoce en otro tipo de bienes y que lo diferencia precisamente del patrimonio de cada estado miembro de manera nacional, regional o local.  Si trasladamos este concepto por ejemplo al sector hotelero estaríamos hablando de Relais ChateauxLeading Hotels of the World por ejemplo, frente a otro tipo de marcas o posicionamientos. Una peligrosa jerarzquización, ya que la lista de los bienes declarados como Patrimonio Mundial representa por regla general un porcentaje muy pequeño del vasto patrimonio cultural y natural que cada país atesora. Un patrimonio que, aunque no tenga un valor «universal» supone la misma fuente irremplazable de vida, inspiración y riqueza y sobre tiene en común las necesidades de conservacion e integración en las futuras generaciones. En este sentido, la brecha entre el patrimonio declarado Universal y el patrimonio «ordinario» crece día a día. 

2. La inevitable instrumentalización política y religiosa  

Hace pocos días la prensa de todo el mundo se hacía eco de la controversia surgida tras la decisión de la Unesco de incorporar la ciudad antigua de Hebron (Al-Khalid) como Patrimonio de la Humanidad y sitio santo para 3 religiones, dando lugar a un serio conflicto diplomático. Pero no es el único caso a destacar. Desde protestas por las decisiones de la Unesco en la zona del Tibet hasta la singular incorporación a la lista de la isla de Okinoshima en Japón. Un lugar sagrado donde los hombres tienen que desnudarse para entrar en el agua y purificarse y al que se prohibe el acceso a las mujeres.  Aunque los motivos de dicha prohibición no se confirman publicamente se estima que cumpliría con la cultura japonesa extendida en otros aspectos en los que la sangre menstrual de la mujer se considera impura. Un hecho, más bien propoio de una sociedad ancestral, al que la Unesco acaba de dar acceso a fondos y reconocerle indirectamente a esta tradición un valor UNIVERSAL. 

En este sentido la Unesco tiene una complicada misión, ser objetivos, independientes financieramente para lograr esa objetividad y garantizar por otro lado, que en su lista de Patrimonio de la Humanidad haya un equilibrio geográfico para que todos los estados miembros tengan una cierta representación. Sin embargo, estos objetivos pueden llevar a decisiones que se alejen realmente de los valores fundamentales y el propósito último de la conservación del patrimonio. 

3. La desmesurada instrumentalización turística 

Uno de los grandes retos de la conservación del patrimonio cultural es econtrarles un nuevo uso  y darle el sentido para que la generación del presente que lo gestiona y la del futuro que lo recibirá comprenda su valor y entienda su contribución a una evolución mejor de la sociedad. En este contexto, ante la escasez de recursos financieros destinados a este fin los propietarios y gestores de estos activos irremplazables ven en el uso turístico, la vía más «rápida y fácil» para su conservación. Es por eso que poder formar parte de la prestigiosa lista del Patrimonio de la Humanidad da acceso a un estatus que permite poner a cualquier destino en el mapa. Sin embargo, a la vista de la saturación de ciertos destinos y a la utilización en algunos casos de estos bienes como parques temáticos por una parte de la industria turística nos lleva a concluir que el uso turístico es necesario pero no suficiente y sobre todo, no a toda cosa. 

No en vano resulta paradójico que precisamente algunos de los destinos incluidos en la lista, como la gran muralla china o el entorno natural de las cataratas del Niagara ahora se encuentren en peligro precisamente por el excesivo uso turístico y la masificación de lo que viene detras de esta descontrolada herramienta de marketing. Esto nos lleva a que en el largo plazo el propio sello puede llegar a ser el primer enemigo del propio patrimonio cultural y natural que pretende defender. 

Unesco y sus objetivos estratégicos para el Patrimonio de la Humanidad

4. El vacio financiero

Es indudable que el nombre de la Unesco y el World Heritage List tiene un gran peso internacional en el ámbito del patrimonio cultural y natural. Pero su voz no termina de conseguir que su financiación se considere un objetivo prioritario y por ende se destinen grandes cantidades de recursos financieros en todo el mundo a su conservación y gestión. Por eso cada vez hay un mayor vacio entre las directrices y regulaciones que se desarrollan desde la Unesco y la realidad del patrimonio en los distintos lugares del planeta. 

El propio World Heritage Fund  contribuye con 4 millones de dólares al año y hay una gran disparidad de aportaciones de los distintos estados miembros. A medida que descendemos a nivel de país, comunidad o localidad, se observa un preocupante vacio de estructuras financieras operativas que permitan contribuir a una gestión adecuada para el futuro del patrimonio. Por un lado, a nivel público, ya que en cada país puede haber objetivos más prioritarios que la conservación de su legado histórico y por otro lado a nivel privado, al que todavía le faltan vehículos adecuados que haga atractivo destinar una gran cantidad de dinero y financiación a tal fin. 

5. El futuro de lo intangible 

Desde el año 2008 la Unesco elabora la lista de Patrimonio Intangible de la Humanidad cuyo fin es preservar tradiciones orales, expresiones artísticas, prácticas sociales, rituales, eventos festivos, conocimientos y prácticas relacionadas con las tradiciones. Una vía para para conservar la diversidad cultural en la era de la globalización y principalmente el medio para que países que por motivos diversos estén menos representados en la lista del patrimonio tangible puedan utilizar igualmente el sello Unesco y sus beneficios. 

Una lista no exenta de críticas por la complejidad de gestionar y consevar algo que precisamente es "intangible" y que crece a mayor velocidad que la propia de los bienes y monumentos. Yoga en la India, la cultura de la cerveza en Bélgica, la música y la danza del merengue en República Dominicana o las marionetas en Eslovaquia y Chequia son algunas de las últimas incorporaciones. Una necesidad de inventariar y reinvidicar la diverisdad cultural del planeta que no tiene límite ya que todos somos legítimos de reclamar nuestra propia identidad. Mientras la Unesco no resuelve los grandes problemas que afectan al patrimonio natural y cultural tangible, abre la puerta a un todavía más complejo universo de gestión de intangibles.

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