¿Preocupados por un mundo fracturado? El gran ausente del Foro Económico Mundial en Davos

Por Blanca Lopez
El gran ausente del Foro Económico Mundial de Davos en 2018 ha sido el patrimonio cultural

El patrimonio cultural es la palanca que activa la transformación de la conciencia personal y social, pieza clave para recomponer un mundo fracturado. Sin embargo permanece oculto. ¿Por qué? ¿Cuál es su verdadero valor?   

Feb. 2017. En Davos este año el tema de debate se ha centrado en cómo creamos un futuro común en un mundo fracturado; en un momento tan crítico para la sociedad  ha habido un gran ausente: el patrimonio cultural.

El hecho resulta significativo porque coincide con el inicio del 2018, año que la Unión Europea (por primera vez en su historia) ha dedicado al patrimonio cultural con el objetivo de fomentar los valores comunes y de sensibilizar sobre la identidad y el sentimiento de pertenencia a un espacio común europeo. Esta noticia está pasando inadvertida en la mayor parte de los medios de comunicación del mundo y en los propios presupuestos de la UE: 8 millones de euros para un periodo de 2 años (2017 y 2018) y para 28 países.

Más allá de la revolución tecnológica y de la inteligencia artificial estamos viendo cómo cada día  salen a la luz verdades ocultas que dejan al descubierto todo aquello que no hemos hecho bien y que no puede sostenerse por más tiempo.  Un paso desagradable pero necesario si queremos recomponer el futuro para lo cual debemos impulsar una profunda transformación de la conciencia política, empresarial, social y personal.

Esta reflexión se manifiesta en un debate más amplio que se está dando en distintos foros empresariales, políticos y educativos, y busca respuestas a algunas preguntas clave: cómo recuperamos la autenticidad o la identidad de nuestras marcas, cómo actuamos con honestidad y transparencia, cómo ponemos en valor la esencia perdida…

El contexto actual marca el final de una época y el inicio de otra, por eso necesitamos al patrimonio cultural y el patrimonio cultural nos necesita. Por encima de su definición técnica o jurídica y de todo lo que representa en términos de monumentos, edificios históricos, archivos documentales, objetos culturales, etc., el patrimonio cultural es primordial por una razón: nos habla de quiénes somos. Es la palanca que activa esa transformación de la conciencia. Al igual que ocurre en nuestras familias, es la herencia que hemos recibido y que debemos comprender para mejorarla. No tendremos que preservarlo todo, pero para tomar buenas decisiones primero debemos conocerlo, honrarlo y respetarlo. 

 

Video de campaña del Año Europeo del Patrimonio Cultural. #EuropeForCulture

El gran valor del patrimonio cultural para la sociedad puede resumirse en tres niveles:

En primer lugar el patrimonio cultural nos da información. La base de la educación, el conocimiento y la sabiduría.  Componentes esenciales del verdadero poder y de la libertad de cada individuo. Un activo básico en la sociedad en la que vivimos: hay más información disponible que nunca, pero la devoramos sin apenas reflexión. Debemos recuperar lo más importante,  tener voz y pensamiento crítico propios.

En segundo lugar, el patrimonio cultural nos permite descubrir aquello que siempre ha estado ahí y nunca habías visto, activa los sentimientos y las emociones propias del corazón, aquellas que nos devuelven la sensibilidad, generan empatía, compasión y amor. Como opinaba Einstein, el sentimiento verdadero desde el que conectamos los seres humanos, infinitamente más poderoso que cualquier tecnología del mundo. El único capaz de recuperar el enfoque hacia las personas y de recuperar la humanidad perdida.

Por último el patrimonio cultural nos habla de nuestra propia conciencia social, quiénes somos como comunidades. El pasado 6 y 7 de febrero tuvo lugar en Toledo la reunión del Grupo de Reflexión «Unión Europea y Patrimonio Cultural» con la participación de los delegados de diversos Estados Miembros y del Consejo de Europa. Tuve la oportunidad de asistir como representante de Hispania Nostra y junto a Europa Nostra (en calidad de miembros observadores) y precisamente en una de las ponencias de las jornadas Patrick Dondelinger, del Ministerio de Cultura De Luxemburgo, hablaba de los indicadores que permiten valorar la conciencia social de un pueblo o de una comunidad y de todo aquello que nos aleja de ella. 

La situación del patrimonio cultural en el mundo nos ayuda a entender que en la globalización que ahora descarrila, los valores culturales, la esencia y la identidad han estado supeditados al criterio económico.  Pero permanece ahí, a disposición de todo aquel que tenga la audacia de mirar y de apreciar su valor, el tangible y el intangible. 

2018, Año Europeo del Patrimonio Cultural

El incalculable valor que aporta el patrimonio cultural a la sociedad (información, emoción y conciencia social) además de ser un motor de desarrollo económico, supone una base sólida sobre la que empezar a transformar nuestro comportamiento y, por tanto, nuestras organizaciones en beneficio de aquellos que lo heredarán.

Por eso no me extraña que el patrimonio cultural esté oculto, es demasiado importante, no interesa. Es un enemigo público para todo aquel que quiere seguir atado al pasado y a las viejas estructuras.  De hecho en tiempos de conflictos (y no sólo bélicos) como el actual, son los iconos culturales lo primero que se intenta destruir o recuperar como símbolo de una identidad propia.

Hay una frase que me gusta mucho y que hoy tiene gran validez:  «Si borras tus huellas desapareces». Y estamos a punto de desaparecer. No sólo no cuidamos nuestro patrimonio cultural; estamos creando una nueva cultura que inculca a nuestros jóvenes valores efímeros que les limitan y les hacen dependientes: la inmediatez, el ego, lo material, las compras, la competencia feroz, la frustración y el miedo al fracaso.

No podemos perder más tiempo. Tenemos que integrar el patrimonio cultural en el día a día de nuestras empresas y sociedades para recuperar nuestros orígenes, la senda que nos ha traído hasta aquí y la que nos permitirá dibujar el nuevo camino. 

 

Foto de portada vía World Economic Forum

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